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Adopción Ilegal

ILEGALIDAD

(el siguiente artículo, se encuentra completo en: www.adoptemos.com.ar/1.htm )


Un niño por el cual se paga, y se lo inscribe como hijo biológico no es un niño adoptado sino un niño "apropiado" (sustitución de identidad).


Desde el niño se produce una doble traición, su progenitora no sólo lo concibió sin poder luego criarlo hecho que suele ser doloroso para el niño sino que además fue utilizado como un producto de intercambio, mercancía - dinero que lo despoja de su condición esencial de "ser humano" y se lo cotiza en un mercado de oferta y demanda según edad, color, etnia con lo cual no podemos apelar a un relato amoroso sobre su entrega: deseo de que otros lo cuidaran, preocupación por su futuro sino que queda reducido a una transacción (generalmente no de la progenitora sino de una serie de intermediarios, profesionales y funcionarios).


La falta de datos acerca del origen, la carencia de un expediente deja un vacío angustioso que el adoptivo no tiene modo de completar y coloca a los padres y al vínculo en un status de inseguridad y fragilidad no amparado por la ley.


La identidad para sostenerse requiere de un pasado que anudado en un presente genera posibilidades de proyectos futuros: quién fui, quien soy, que deseo ser. La falta del primer eslabón deja al tejido psíquico con agujeros que son imposibles de suturar por cuanto
en la ilegalidad no hay modo de obtener datos, conocer y fantasear sobre el origen y el enigma acerca de porque sucedió el desprendimiento, cuáles fueron los deseos y motivaciones para la entrega cae en un vacío angustioso y sin respuestas.


Más allá que la información que cada niño recibe es procesada primero por sus padres y luego por él de modo singular, en estas situaciones,
lo informado cae bajo duda y sospecha de veracidad.


Hay adopciones realizadas hace aproximadamente 20 años atrás que podrían ser comprendidas en otro contexto, los padres eran asesorados por algunos profesionales para quiénes ése era el mejor modo pues
así no había información ni peligro que el niño pudiera buscar y volver a su familia biológica, versiones que se acompañaban de la muerte de la progenitora suponiendo que así se anulaba toda pregunta, enigma y deseo sobre la historia.


Los hechos demostraron que
la falta de información no producía el efecto deseado, y el silencio se transformó en ruido, perturbaciones frecuentes en el vínculo y disfunciones familiares.